Todos entendemos que consumo responsable se refiere a hacerlo de forma que no dañemos el medio ambiente, pero es más que eso y si profundizáramos veríamos que no todos estamos de acuerdo con los detalles.
Para mí, consumir de forma responsable engloba muchas cosas. Es valorar en el momento de la compra si el fabricante y el comercio cumplen una conducta que defienda la justicia social y respete el medio ambiente. Implica cuestionarnos si necesitamos consumir tanta cantidad o podemos reducir el consumo. Es ejercer el derecho a depositar nuestro dinero en bancos o invertirlo en negocios o empresas que tengan una política de responsabilidad social corporativa auténtica. Significa emplear el tiempo en elegir entre las distintas ofertas del mercado aquel producto o marca más sostenible, tanto en su vertiente medioambiental, como en la económica y social, ya que consumir un producto ecológico que produzca diferencias sociales en países en desarrollo no es consumir responsablemente. Conlleva presionar a la administración y al gobierno a que implanten reglas económicas sostenibles de verdad, que tengan en cuenta el coste de los activos naturales, y que defiendan la justicia social, lo cual no tiene por qué estar alineado con aumentar las prestaciones sociales sin mesura.
Pero hasta dónde, ¿por qué debemos pagar más por consumir productos ecológicos? ¿Por qué debemos pagar más por conducir un coche híbrido que uno de gasolina? ¿Por qué debemos sufrir la incomodidad de llevar nuestras propias bolsas reutilizables al supermercado?
Lo cierto es que hablamos de concienciación, involucración y liderazgo. Mientras más concienciados estemos de la obviedad de los efectos que se avecinan por tanto consumo irresponsable durante décadas, más preparados estaremos a asumir nuestro papel de consumidor responsable sufriendo incomodidades e injustos sobreprecios. Cada cual tendremos una capacidad de involucración que dependerá de nuestras posibilidades económicas y nuestra fuerza de voluntad. Pero los que realmente serán agentes del cambio son aquellos que tomen el liderazgo para hacer cambiar las reglas de gobierno de forma que el consumo irresponsable tenga un coste acorde a sus efectos nocivos en la sociedad y el medio ambiente. Seamos realistas, el híbrido batirá en ventas al de gasolina sólo cuando este último pague por el coste de recuperación de sus aportaciones de CO2 a la atmosfera. Y si resultara que es más barato recuperar dichas aportaciones de CO2 que fabricar el hibrido, bienvenido sea el motor de gasolina, pero no parece ser el caso.